Una
evolución histórica con nuevos estilos de convivencia han obligado
a “redefinir” el término de familia
La
familia en España, al igual que en el resto de países desarrollados,
ha sufrido y está sufriendo una profunda modificación paralela
a los cambios económicos, políticos y religiosos que se vienen
sucediendo a lo largo de los últimos años de su historia..
Antes, jugar era una actividad desprovista del valor educativo
y didáctico que tiene hoy, pero cuántos quisiéramos poder
dar a nuestros hijos esos amplios espacios, esas calles llenas
de niños, esas interminables tardes de juego... Sería perfecto,
los juguetes actuales y el valor del juego de hoy, pero con
los espacios y la libertad para jugar de antes.
Actualmente, nos encontramos ante una época de gran variedad
de modelos de relación y con unas nuevas tipologías de familia,
pudiéndose observar en todas ellas, la liberalización progresiva
de las costumbres y de las normas sociales. Rice (1996)
Esta aparición de nuevas tipologías familiares, no significa
que se hayan perdido los valores familiares. Significa que
en pocos años, han aflorado nuevos estilos de convivencia
y unión entre las personas que han obligado a “redefinir”
el término de familia, tal y como se ha entendido hasta hace
escasas décadas.
Este tema ha suscitado ya largos debates
y ha dado pie a numerosas reflexiones. Gran número de sociólogos,
pensadores y eclesiásticos expresan sus teorías, a favor y
en contra de la aparición o desaparición de unos estilos familiares
u otros.
¿Nos encontramos ante una crisis de la familia?
A pesar de estas transformaciones, la familia seguirá siendo
el primer referente de cada persona. El núcleo desde el cual
se refuerza y se da confianza a cada uno de sus miembros.
Donde el niño, mediante sus juegos, se identifica primero
con él mismo, después con su familia y más tarde con el mundo.
La familia es uno de los pilares del desarrollo de la personalidad
de cada uno de nosotros.
“...lunes
antes de almorzar,
una niña fue a jugar,
pero no pudo jugar,
porque tenía que planchar
así planchaba, así, así..”.
La
incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, replantea
una nueva organización en las familias.
El acceso de la mujer al
sistema educativo, así como su incorporación al mercado laboral
ha hecho replantearse la organización interna de las familias,
dando lugar a unos lentos cambios de comportamiento, prácticamente
imparables:
• Está sobradamente comprobado el descenso de la natalidad en
las familias, ya que la función de la mujer no se basa exclusivamente
en la crianza de los hijos. Las parejas actuales tienen como
media uno o dos hijos. Una familia de tres hijos, en nuestros
días, es considerada numerosa.
• Existe una relación más igualitaria entre los géneros, ya
que las parejas, principalmente las jóvenes, comienzan a tener
una visión más realista, objetiva y menos tradicional de los
papeles sociales.
• Se da el reparto tanto de las tareas domésticas, como del
cuidado y educación de los hijos entre el padre y la madre.
• Empiezan a irrumpir con fuerza en las mentalidades de los
nuevos padres y madres conceptos como educar a través del juego,
tiempo de calidad junto a los hijos, disfrutar de la familia...
A pesar de que estas consecuencias lógicas vienen dadas por
las propias circunstancias, su arraigo en la sociedad actual
se está produciendo de un modo muy lento y aún hoy, no está
completamente instaurada, ya que la mujer sigue teniendo un
papel protagonista en cuanto a la educación de los hijos y la
organización de la familia. El acceso de la mujer al sistema
educativo, así como su incorporación al mercado laboral ha hecho
replantearse la organización interna de las familias, dando
lugar a unos lentos cambios de comportamiento, prácticamente
imparables:
A pesar de
que estas consecuencias lógicas vienen dadas por las propias
circunstancias, su arraigo en la sociedad actual se está produciendo
de un modo muy lento y aún hoy, no está completamente instaurada,
ya que la mujer sigue teniendo un papel protagonista en cuanto
a la educación de los hijos y la organización de la familia.
Un
tiempo para descubrirse y disfrutar en familia. Un momento para
cada uno
“Tener
hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo que tener
un piano no lo vuelve a uno pianista” Michael Levine
Si
hace años, la calle y los niños del barrio eran las claves
fundamentales del juego, en el sistema en el que hoy vivimos,
hace que los miembros de la familia sean, en ocasiones, los
principales compañeros de juego que tienen los niños al salir
de la escuela o de las actividades extraescolares.
Por otro lado, al encontrarnos con familias en las que el
padre y la madre trabajan, el escaso tiempo libre que les
queda propicia la búsqueda de tiempos de ocio destinados al
disfrute conjunto de la familia.
Cada
familia necesita descubrirse, disfrutarse y ello, requiere
tiempo. A su vez, cada miembro de la familia precisa de un
momento para si mismo, ”para sus cosas” y también para ello
es necesario el tiempo. Encontrar un tiempo para cada cosa
y cada cosa a su tiempo, es uno de los grandes retos de los
padres de hoy en día.
Ser padre implica tener unas grandes dosis de paciencia, coherencia,
comprensión, firmeza y, lo que es más importante en estos
días tan ajetreados: encontrar nuestro tiempo.
Los
abuelos, los mejores aliados en el cuidado y educación de sus
nietos
Los
abuelos ¿un bastón o unas zapatillas de deporte?
Al
igual que se ha producido un cambio en el papel del padre
y de la madre, se produce también un cambio de rol en los
abuelos.
Actualmente, nos encontramos con numerosos casos de familias
en las que ambos padres trabajan y son los abuelos los que
asumen el papel de los principales cuidadores de sus nietos.
Ellos proporcionan a los padres un alivio económico y emocional,
ya que los dejan en buenas manos.
El binomio abuelo-nieto beneficia a las dos figuras. Por un
lado, el niño además de estar bien cuidado se siente más acompañado
y, por otro, el abuelo además de sentirse útil, tampoco se
encuentra solo.
Además,
los abuelos suelen adoptar una postura más juguetona y relajada
que la de los padres, a quienes les toca jugar el papel de
educadores más disciplinarios.
En estos casos, los abuelos se convierten en cuidadores y
acompañan en los juegos a sus nietos y éstos, les ven en numerosas
ocasiones como esa figura casi mágica, de edad avanzada que
conoce los orígenes y las costumbres de su familia. Actúan
como consejeros, guías, asesores y transmisores morales y,
en numerosas ocasiones, son el puente entre los padres y los
hijos reduciendo tensiones o acortando distancias.
Concepto
actual de juego y educación en la familia
Antes tenía seis teorías y ningún hijo,
ahora tengo seis hijos y ninguna teoría
Hoy
en día, asistimos a una clara revalorización de la infancia
y nos encontramos con padres preocupados por la educación
de sus hijos, instituciones que velan por los derechos de
los niños, administraciones que contemplan y facilitan programas
a favor de infancia, espacios “had hoc” para utilización de
los más pequeños y de sus familias, así como programas de
familia cuyo objetivo es obtener estrategias educativas adecuadas.
En numerosas ocasiones, los padres no tienen una “técnica”
para educar a sus hijos. Su propio saber, su sentido común,
su intuición, sus costumbres, sus creencias y sus valores
son la base fundamental de la educación de sus hijos. Cada
vez es mayor la insistencia con la que los padres demandan
a las instituciones métodos de enseñanza, que les permitan
educar a sus hijos de un modo “técnicamente adecuado”.
Los padres se esfuerzan por educarles dentro de la familia
y luchan por poner a su alcance, los recursos y medios necesarios
para que gocen de unas buenas salidas profesionales.
Nos encontramos frente a la postura
de criar menos hijos, pero invirtiendo más en su cuidado y
educación. La educación de los hijos se convierte en deber
prioritario para los padres. Lipovetsky (1994)
Por otro lado, a los padres se les exige hoy en día más implicación
en la educación de sus hijos y así como hace unos años, la
familia seguía las pautas determinadas por los maestros, hoy
en día, su implicación en el ámbito escolar es mayor, así
como su presencia física y moral en el sistema educativo.
Los padres y madres de hoy son conscientes de que no pueden
educar a sus hijos, en la medida en que ellos fueron educados.
Pero tampoco olvidan el rol que a cada uno le toca desempeñar.
Son los educadores de sus hijos en primera persona. Es una
relación más horizontal y menos jerárquica, pero en la que
por sabiduría y experiencia, los padres son quienes deben
guiar los pasos familiares.
La demostración del afecto, del cariño, del malestar; en definitiva,
la demostración de las emociones dentro de la familia mediante
una buena comunicación, es síntoma de un buen clima familiar.
El juego y el juguete se han revelado como unos excelentes
aliados de los padres para mantener esta comunicación.
A lo largo de todos estos años, muchos son los estudios que
han demostrado la validez del juego y el juguete, tanto como
actividad natural y propia de la infancia, como actividad
didáctica al servicio del aprendizaje y el desarrollo del
niño.